PUEDE MORIRSE AHORA, COMANDANTE

(del libro de Sergio Andrade: 'EL DECLAMANTE' -en impresión)

comandante

yo tenía once años

y era un adolescente tan distante

en un mundo lejano

pero tan conectado a sus alcances

tan cercano

a usted

mi comandante

que los hombros de sus fieles entusiastas

me empujaban

los mítines suyos los oía en mi alma

y escuchaba

repetir chistes sobre sus andanzas

anécdotas de bien

logros

apuntes a su dictadura

alabanzas

a mí no me importa que se muera

comandante

la verdad de la vida es ficción

la de la muerte, equívoca

ambas irrelevantes

si no te mueres hoy, te morirás mañana

y como CNN se ocupa de lo que no cuenta

en esta vida

y de lo que tampoco cuenta

en la otra muerte

yo sé que ella me avisará capciosamente

la mañana imprevista

así que acabaré enterándome de su muerte

como si hubiese estado ahí

antes o después de que acontezca

mas nunca puntualmente

no me lo tome a mal:

puede marcharse ahora, comandante

yo ya me he acostumbrado a vivir a su sombra

a percibir hasta el olor del mar

el avanzar de los crustáceos

y

los asentimientos monótonos de las

palmeras

como partes pendientes de algún discurso suyo

estentóreo en sesenta y dos

en dos mil seis, sutil

prácticamente literarios

eternos

ecos de recriminaciones

que no estorban

puede morirse ahora, comandante

no me lo lleve a mal

lo importante está hecho

la vida nos rodea

mire esas prostitutas tan lindas

oiga esa música antillana

con genios que interpretan

de qué color hace falta

el pañuelo en el hombro

con chefs deconstructores que rastrean

los moros y cristianos

entre los maduritos,

coma con los atletas

bendiga el cine y las letras

la vida es toda

una digestión de sensüalidades

los robles se inclinan ante usted

los niños leen en el periódico

se obstinan en no volver a ser

analfabetas

vamos a hablar bajito, comandante

como corresponde a compañeros

a camaradas viles

paisanitos jodidos

cuates de aventuras

(en este mundo igualitario

no necesitamos las mayúsculas

tal vez

si acaso

-un poco-

los acentos

para que por ejemplo

-para usar dos términos

que conozca usted bien-

no vayamos a decir

"él se ralló"

por

"el serrallo"

¿verdad, mi comandante?):

lo importante está hecho...

y lo deshecho...ni forma de arreglarlo

y lo que nos faltó... ya ni pensarlo

no todo en la vida nos resulta a pedir de boca

ojalá estas iguanas respondieran a lo rezos

estas víboras a los conjuros de Jemanjá

estas conspiraciones a los cantos

de algún novedoso mester de clerecía

los vestuarios se clonaran

como las malas intenciones

estaríamos salvados, comandante

ya sin mercados negros

sin rolex despintados

sin ipods marítimos

sin papas vaticanos de turismo

intermediarios

entre los infiernos terrestres

y los celestiales

mire los niños:

todos sin zapatos

ni papel higiénico

limpiándose meticulosamente

la mierda que les sobra

-con el dedo-

(¡qué putas pesadillas nos presenta la vida

de pronto!

¿veldá, mi comandante?

mire los primos

de los musulmanes:

pegando reúmas

con el sereno corrosivo

de las aguas saladas

y posturas de yogui involuntario

en un Guantánamo aséptico

de porquería

(yo soy un hombre sincero de donde crece

la palma, comandante)

no todo en la vida nos resulta a pedir de boca

¡uno qué va a saber!

a veces desterramos la basura de las calles

para acabar comiéndo(nos)la

en días que

-como dijo aquel músico de Zapopan...

Zapotlán...(se me desdibujan los recuerdos

comandante

hace mucho ya de mis once años)-

no son ya más para echar cohetes

mas para recoger las varas...

¿me entiende, comandante?

la vida es así

la culpa no es de nadie

ya tengo cincuenta años, comandante

¡imagínese usted!, ya no consigo

exaltarme como antes

(ya ni excitarme tanto)

no soy más presa fácil del entusiasmo

ni de las adhesiones

ni sus médicos de oración caribe

ni los importados

las pueden todas

el mundo se ha vuelto de falibles

¿lo entiende usted?

puede morirse ya, mi comandante

déjelos que propalen su deceso

usted se nos murió desde que abrió la luna

hace ya mucho tiempo

y resucitó del mundo de los vivos

a las tres menos cuarto

allá en aquel prostíbulo

de maderos roídos por polillas

del barrio más despintado de Santiago

(¿se acuerda usted, mi comandante?)

para otros ni falta hizo

como el cid

hay unos que cabalgan muertos

para ganar más batallas

que muchos de los que creemos estar vivos

ya lo ve...comandante

no es tan malo estar muerto

ni llevar cuarenta años fallecido

su cajón, su mortaja

ni han sido

ni serán

de hombre común

ni en eso emulará usted al resto de mortales;

más que los de nosotros

serán éstos los suyos devorados

por millones y millones

multitudes sin solución

inéditas      innumerables

de gusanos

pero eso tampoco es novedad

estamos acostumbrados a su muerte

yo, por ejemplo, no

consigo afeitarme

si no me lo imagino

sonrisa golpeada   ceño encajoso

pues viví con usted, mi comandante

yo era uno de los recién nacidos

millares de lactantes

que mamamos su idea

de los senos de madres ansiosas

expectantes

lo digo con respeto:

no nos despierte el sueño

acostumbrados

como a dar por sentado que la tierra

no gire sin usted

ni el sol se nos levante

comandante

si le digo que puede irse en paz

largársenos tranquilo

que no nos hace falta

en este mar de culebras escapantes

y arboledas de miel,

que puede usted confiar en su deceso,

no me lo tome a mal

se lo digo clarito, comandante

soplándole al oído

para que no se me le espante

el espíritu

fugaz:

lo importante está hecho.