TRES POEMAS DE AMOR PROMETIDOS
9 feb 10MUJER SIMPLE
Eres una mujer simple, sin pretensiones
mientras voy escribiendo los versos
que sin querer -y sin saber-
me dictas
siento el dolor quemándome los huesos
que ya no son los de antes
la sangre corriendo, diferente
los dientes y el cabello aflojando
justo así como el paso del tiempo
los noticieros
las conmemoraciones de los aniversarios
los hijos del rencor
reinaugurando guerras...
me espanto al intuir
que ya no soy el mismo
que me sustituyeron
pero acabo reconociéndome
en el único, el mismo sentimiento
que me acompaña desde que me acuerdo:
esta exaltación alegre y orgullosa
de cada cuarto de mi cuerpo
cuando pienso en ti
esta sensación de estar tranquilo
y sentirme completo
sólo cuando te percibo cerca...
mujer perfecta
que así, sin pretensiones
simplemente
sin exigirme nada
haces que yo dé más de mí
y sin complicaciones, retorcimientos
ni reivindicaciones
-como debe ser el amor-:
me haces feliz.
UNA MEJOR PERSONA
Tal vez si tuviera entre mis manos tu ausencia
la palabra intacta
las horas vacías
de los caminos blancos
y los despojos de la vida...
sería mejor persona
tal vez tendría más fuerza para luchar, desnudo.
Tal vez...
Tal vez si escurrieran de mis dedos tus regalos
tus miradas atentas
el agua del encanto
que jamás cuajó
y la sonrisa que bendice al mundo...
sería yo más consistente
un ser privilegiado de tan carente
un ser completo de tan necesitado
sólido en la fragilidad
y grandioso de tan mínimo
en, una mejor persona.
Sin esas moléculas de amor
que al concederme tú con tántas ganas
me agigantan
me refrescan la noche
me dibujan lunas en los párpados.
Tal vez...
Si en vez de una certeza
fuera mi vida un lago de preguntas
quizá tendría más fuerza para gritarle a Dios
y sería, en el fondo de mi necesidad
y para ti,
el mendigo pefecto
el amante adecuado
el proyecto gentil
de una mejor persona.
HIJO DE LAS NUBES
I
Nos hacía falta tánto amor
y nos parecíamos tánto a nuestros sueños
que quisimos calmarnos la sed hasta a pedradas
a golpes de pecho
a arañazos del alma
con la intención desesperada
de apropiarnos del otro
de rompernos
y querernos más allá de los cuerpos
y calmarnos las ansias.
II
Nos hacía falta tánto amor
y nos sorprendimos tánto al conocernos
que nos apagamos la luz con el fin de sentir
que el amor más grande
nace de la más grande soledad
y una pequeña -pequeñísima- llama
puede ser sol
en los calabozos del alma.
III
Y vivimos a ciegas
y amamos a ciegas
porque nuestra intención
casi siempre inconsciente
de sentir al otro
cada día más necesitado de nosotros
cada vez más paciente
humilde, esperanzado
y amoroso
(alimentándonos el ego y la importancia)
acabó por gastarnos los recursos
por dejarnos queridos
mutuamente amados, sí
adorados -anónima e íntimamente-
pero débiles, pálidos
y lo que es peor
sin fuerza para las batallas
y los martirios posteriores
del futuro tal vez malentendido
donde creímos que el amor
no era más que un constante sacrificio.
IV
Y quebramos hasta la única riqueza
que nos quedaba:
la más sencilla y austera dignidad
pues olvidamos que el amor
es simple y llanamente
una más de las innumerables drogas
sólo una droga
así, tan simple y llana
como una pieza de éxtasis
un poquito de crack
o una dosis de heroína
y hasta peor
porque las otras te ofrecen paraísos
pero no te engañan
con la capciosa ilusión
de una pretendida salvación
del alma
y de la reivindicación
de los sumisos.
Sólo una más
te provoca placer
-a veces con las consecuencias
o los preludios del dolor-
te genera adicción
desarrollas tolerancia a sus efectos
y cada día necesitas más
o más grandes, más largos, diferentes besos
cada vez necesitas que te acaricien
más y con más calma la malicia
el corazón, el alma
en la paz, en la guerra
al volver de la escuela, en la oficina
en medio de la cena, en la cocina
y en todas las posibles circunstancias...
al final
quedan tres simples solos
tres caminos:
cambias para otras más pesadas
o acabas por matar o morir
que ahí es lo mismo.
V
Y llegaron los días del abandono
y de la pérdida
y de momentos
en que a pesar de la diafanidad más clara
de la vida
y a pesar de la lucidez de la vigilia
permanecíamos caídos, a oscuras
con dolor en los pechos, agotados
sin ánimo ni para ver
por nosotros mismos
mucho menos para darnos la mano
pues estábamos desnudos
y con vergüenza ajena y mutua de la gente
y con necesidad de usar las manos
para ponérnoslas una atrás
y otra adelante.
VI
Y para mí llegaron días en que te fuiste
días de conmiseración
y de ser infeliz hasta la médula
porque aunque ya la negrura en nuestro cuarto
nos impedía mirarnos a los ojos -desde antes-
comprender nuestros sueños
y compartir los miedos...
me quedaba el recurso de sentirte
de oirte respirar y de tocarte
pero después ni eso.
Ahí fue que llegué a conocer
el tamaño del monstruo (inconsistente)
material, concretante
el peso de sentir no tenerte conmigo
la carga de la ausencia
y sentí que se me reventaban
las losas de las vías en el cerebro
y los caminos y el piso de mis huesos
y los troncos de mis árboles
y las ramas entre los ladrillos
de los muros del cuerpo.
VII
Días en que no creo en nada
ni sueño nada
ni espero ya que nada suceda
ni hago nada para que nada ocurra;
hasta quisiera sufrir de sueños por las noches
para soñar aunque fuera cosas malas
y ya hasta de perdida, con tal de verte
-aunque fuera peleando, como antes-
sumergirme por completo en pesadillas,
VIII
Pero mira
-aunque eso de mira es un decir
porque ya no me escuchas-
yo soy hijo de las nubes
y no en vano caminé por los desiertos
buscando un poco de calor
y navegué mil océanos
de mundos diferentes
procurando un poco de agua
para salvar la piel,
para saber al fin
que la vida no es más que el perdón de los errores
y que nuestra existencia, nuestra misma existencia
depende siempre de la misericordia de los otros.
Yo soy hijo de las nubes
y estoy acostumbrado a las tormentas
a los cambios de los humores de las plantas
a las mudanzas de las condiciones atmosféricas
a las desgracias de las devastaciones...
el fondo del mar me meció
y un alacrán marino me cuidó desde pequeño
he aquí que puedo respirar en el vacío
y ejercitar conmigo la clemencia...
IX
Y buscarte
aun buscarte
aún buscarte
por momentos
X
Y arrastrarme en el cuerpo
buscando un poco de la vida
que por desgracia se me fué
y perdonarme
pues la infelicidad sólo puede venir
en última -y en primera- instancia
de la falta del perdón de los demás
del perdón de Dios
y del perdón que casi nunca me concedo
así que insistiré
-como buen hijo de las nubes-
en perdonarme por completo
para así
aunque sea sufrido, sufriendo
atormentado
sudando el sufrimiento,
poder verte a los ojos, a la cara y al cuerpo
sentir tu cercanía, tu presencia
esa que hoy no encuentro
-no te como, no te beso, no te siento
y me cuesta-
y no consigo ver en ningún lado
pero que lograré alcanzar dentro de poco
practicando, terco
absolutamente tenaz
con la férrea intención de desatar una tormenta
de recobrarte a fuerza
en estos días en que no espero nada
pero pretendo todo
en estos días en que ni pienso
que pueda resultar en nada bueno lo que intento
y permanezco
acostado, dejándome morir
en un continuo ejercicio de lo inútil
como practicando el momento de la muerte.
(Si deseas escuchar estos poemas en la voz de su Autor, entra a:
http://www.youtube.com/sergioandradesanchez ó también a:
http://www.myspace.com/sergioandradepoemas
)
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